Arvid alejó suavemente a Kris de su abrazo y la miró con seriedad.
—¿Por qué no contestabas mis llamadas? —preguntó.
—Iba manejando… —respondió ella, intentando mantener la calma.
—A mí me pareció ver que ese idiota te entregaba las llaves del coche.
Kris suspiró, agotada.
—Arvid, no tengo ánimos de discutir, mucho menos de aguantar esos celos tontos —dijo mientras se sentaba—. Ellyün está en casa de esa gente sumamente peligrosa. Nosotros prometimos ayudarla y no hemos hecho nada.
—Lo intentam