87. No si es con ella...
Observo su expresión tensa y es fácil adivinar a qué se refiere. Seguro que tiene que ver con el padrastro, con ese encuentro en la cafetería. Y, aunque estoy curioso, incluso preocupado, no puedo permitir que eso nos arruine el momento.
Pongo un dedo sobre sus labios para que no siga.
—Ahora no —susurro—. Estos días son nuestros, solo nuestros. Sea lo que sea, puede esperar a que volvamos.
—Pero…
—Lo digo en serio —la interrumpo con un beso—. Chicago, nuestros problemas, nuestras prohibic