10. soy la hija de su socio
Cierro los ojos y respiro hondo, intentando calmar los latidos desbocados de mi corazón. La presión que siento en el pecho me hace pensar que tal vez debería haber pedido un desfibrilador como parte del paquete de bienvenida.
— Venga, Mía, tú puedes — murmuro, empezando por fin a alejarme de la zona de peligro.
Sin saber muy bien a dónde ir, decido buscar a Gabriel otra vez. Al acercarme a la sala, lo encuentro revolviendo unos papeles. Me dedica una sonrisa al verme.
— ¿Y esa cara? — pregunta,