La convocatoria fue a las diez de la mañana.
Henrik había citado a los medios en el jardín de la mansión, frente a la escalinata donde la noche anterior todo había estallado. Las guirnaldas de flores seguían colgadas. Las velas seguían en sus candelabros, ahora apagadas. Era el mismo escenario, pero la obra había cambiado.
Me quedé dentro, junto a una de las ventanas del salón. Henrik me había ofrecido estar a su lado, pero yo preferí esperar. Aquel era su momento. Su declaración. Su verdad.
Lo