(Narrado por Henrik)
Las puertas del quirófano se cerraron delante de mí y el mundo se detuvo.
Me quedé de pie en el pasillo, con las manos apoyadas contra la pared y la cabeza gacha. No recé. Nunca he sido de rezar. Pero pedí. A quien fuera. A lo que fuera. Que Laira saliera de allí. Que nuestro hijo saliera de allí. Que los tres volviéramos a casa.
Los minutos pasaban. Nadie salía. Nadie me decía nada. El pasillo olía a desinfectante y a miedo. Mi miedo. El mío propio, que me atenazaba la gar