El día del juicio llegó con un cielo gris y una llovizna fina que lo empapaba todo.
Me puse una blusa blanca y una chaqueta azul marino que Henrik me había comprado para las ocasiones formales. Algo sencillo. Apropiado para un tribunal. Me recogí el pelo en una coleta baja. Me miré al espejo. Mi vientre ya era muy evidente bajo la tela. Pero lo que más se notaba era otra cosa: la determinación en mis ojos. Ya no era la chica que firmó aquel contrato sin entender lo que hacía. Era una madre a pu