A la mañana siguiente desperté con una sensación extraña en el pecho.
Pesada.
Como si hubiera algo dentro de mí completamente fuera de lugar.
Nico seguía dormido entre nosotros abrazado a una almohada. Ciro ya estaba despierto revisando mensajes en el teléfono mientras permanecía sentado contra el respaldo de la cama.
Sus ojos se levantaron apenas notó que lo observaba.
—Buenos días.
Mi corazón dio un pequeño salto ridículo. Todavía no me acostumbraba a despertar así. Con alguien a mi lado. Con