Llegamos a la mansión tan rápido que apenas sentí el trayecto. Las ruedas del coche chirriaron contra el suelo apenas Ciro frenó frente a la entrada principal.
Y en cuanto bajé entendí inmediatamente que algo iba muy mal. Había hombres armados por todas partes. Más de lo normal.
Enzo estaba cerca de las escaleras de la entrada hablando con otro guardia. Y junto a ellos… había un niño pequeño.
Mi corazón se encogió al verlo.
Debía tener unos seis años. Cabello oscuro. Ojos grandes demasiado apag