Vi a Ana antes de que se la llevaran.
Fue en la cocina, a primera hora de la mañana. Dos guardias de seguridad la escoltaban hacia la puerta de servicio. Llevaba el uniforme arrugado y los ojos rojos de llorar. No opuso resistencia. No gritó. Solo repetía una y otra vez las mismas palabras, como una letanía que nadie quería escuchar.
—Yo no he sido. Se lo juro. Yo no he sido.
Marga estaba a su lado, con una mano apoyada en su hombro. Henrik y yo llegamos justo cuando los guardias le pedían q