(Narrado por Henrik)
No dormí.
Cada vez que cerraba los ojos, veía la cara de Laira. Sus lágrimas cayendo sobre el regazo. Su voz rota diciendo que no sabía lo que era ser madre hasta que lo fue. Su miedo. Ese miedo que yo no había sabido calmar porque no tenía respuestas.
Me pasé la noche en vela, sentado en el sillón de mi despacho, con una copa de whisky que ni siquiera probé. Al amanecer, tomé una decisión. O al menos, el principio de una.
Agarré las llaves del coche. No avisé a nadie.
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