Los días siguientes fueron extraños.
No pasó nada. Esa era la cuestión. No pasó nada y sin embargo todo era distinto. Henrik y yo seguíamos con nuestra rutina: desayunábamos juntos, él se iba a la empresa, yo leía o dibujaba o cocinaba con Marga. Pero algo había cambiado entre nosotros. Ya no éramos dos extraños compartiendo una cama.
No sabía qué éramos. Pero me gustaba.
A veces, cuando estábamos en la cama, Henrik me miraba de una forma que me hacía sentir la única mujer en el mundo. No decí