(Narrado por Laira)
Después de la cena, Henrik y yo fuimos al despacho.
Él tenía trabajo pendiente. Yo llevaba uno de los libros que había conseguido rescatar antes de que Regina me prohibiera entrar en la biblioteca. No era especialmente interesante, pero servía para mantener mi cabeza ocupada.
La habitación estaba en silencio. Solo se oía el leve rasgueo de la pluma sobre el papel y el tic tac del viejo reloj de pared.
De vez en cuando levantaba la vista del libro y lo observaba. La luz de la