(Narrado por Sara)
Carmen me hizo pasar a su casa.
Si es que a aquello se le podía llamar casa. Un cuchitril con las paredes desconchadas, muebles que olían a humedad y una cocina diminuta donde se amontonaban los platos sucios. Sonreí para mis adentros. Era exactamente lo que esperaba. La miseria siempre facilitaba las cosas.
—Siéntese —dijo, apartando un montón de ropa del sofá—. ¿Quiere un café?
—No, gracias. No voy a estar mucho rato.
Me senté en el borde del sofá, procurando no rozar demas