Ciro seguía inconsciente.
El médico había dicho que la operación había ido bien, pero que las próximas horas serían críticas. La bala había hecho más daño del que parecía. Dos bolsas de sangre. Puntos internos. Reposo absoluto. Si se movía, podía abrirse los puntos. Si se abría los puntos, podía desangrarse.
Así que no podía moverse. No podía luchar. No podía liderar.
Pero yo sí.
Salí de la habitación de Ciro y cerré la puerta con cuidado. En el pasillo, Enzo me esperaba. Tenía el brazo vendado