(Narrado por Viktoria)
Desperté con la boca seca y la cabeza hueca.
Parpadeé varias veces. El techo no era el mío. Las sábanas no eran las mías. Eran negras. Olían a sándalo y a algo más profundo, más oscuro, que solo podía ser él.
La habitación de Ciro.
Me incorporé de golpe. Mi cuerpo estaba pegajoso, cubierto de sudor seco, pero la fiebre había desaparecido. Solo quedaba un cansancio pesado, como si hubiera corrido una maratón mientras dormía.
Miré alrededor. No estaba. La cama vacía. La sil