—Estás babeando. —Dijo entre risas mientras pasaba junto a nosotros hacia las puertas de acero. Colocó su pulgar en el panel, luego su mano, y se inclinó mirando al frente hasta que las puertas se abrieron. Nos lanzó una sonrisa por encima del hombro y entró.
—Rebel, ¿qué es este lugar? —Le preguntó Daniel, y ella miró directamente hacia adelante.
—Hogar. —Fue todo lo que dijo cuando las puertas se abrieron de nuevo y ella salió a un pasillo. El suelo era negro y brillante, las paredes plateadas