Mi familia y la suya estaban de pie, observándola mientras pasaba junto a ellos con su bata de hospital y los pies descalzos. Entonces, la vi tomar un arma de su tío al pasar junto a él.
“¡Ángel, Detente!” Grité, pero ella solo empujó la puerta y salió.
“¿Por qué le diste una maldita arma?” Le grité a Gianni, quién se rio.
“También le di las llaves de mi SUV. Ella necesita hacer esto”. Se burló, así que le di un puñetazo.
No me importaba si acababa de golpear al segundo de Antonio. Corrí tras e