Punto de vista de Salvaje
Finalmente tenía a mi chica donde debía estar; en mi cama, retorciéndose por la anticipación. Sabía lo salvaje que podía ser, siempre lo había sido. Lo que dije sobre que era aburrida en la cama fue una maldita mentira, y fui un estúpido hijo de puta por haber dicho algo así.
Agarré su blusa, la rasgué y la contemplé; sus pechos, apenas cubiertos por una fina tela de encaje, rebotaron. Bajé las copas del brasier, tomé su pezón en mi boca y succioné con fuerza, al mismo