Alejandro
I. La Redundancia del Legado
Un mes de Co-Regencia. Un mes de victoria táctica y sequía emocional.
El imperio Cifuentes operaba con una eficiencia aterradora. El Acero, constreñido por el veto de Isabella, se había retirado de las fusiones hostiles y se había centrado en la consolidación de activos y la optimización de procesos. El crecimiento era lento, pero el riesgo era cero. La Ceniza había demostrado su valor: había cambiado la velocidad por la inviolabilidad.
Mi vida se había convertido en una serie de protocolos. El único lugar donde yo no era el Acero total era en las mañanas, cuando compartía el desayuno con Adrián y la Ceniza. Ella mantenía la fachada de la madre atenta, y yo, el del padre presente.
Adrián, el Legado, era ahora el centro de una red de redundancia de seguridad diseñada por Isabella. Su sistema era una obra de arte paranoica: dos equipos de seguridad independientes, rutas diarias de transporte aleatorias, vigilancia satelital pasiva y un firewall neu