Alejandro
I. La Confirmación del Veto
Dos semanas después de la firma del Acuerdo de Co-Regencia, el universo Cifuentes se movía con una precisión glaciar. El Piso 80 era ahora el Eje de la Estrategia, y yo, el Acero, había sido relegado al rol de Ejecutor del Crecimiento.
El primer gran test de la nueva estructura tuvo lugar en la sala de juntas de la Torre Cifuentes, la catedral de mi imperio. Yo presenté la adquisición más grande del trimestre: la fusión hostil de Petro-Andina, una jugada de riesgo que aseguraría mi monopolio energético en el norte. Era una maniobra clásica del Acero: agresiva, costosa y brillante.
La junta, compuesta por mis hombres leales, asintió con fervor contenido. Solo faltaba un voto, el que ahora importaba más que todos los demás: el de la CFO de la Estrategia.
Isabella, la Ceniza, se sentó al frente de la mesa. No vestía traje de poder, sino un vestido simple, casi monacal, de color negro. No tomaba notas; solo escuchaba, sus ojos fijos en los números pro