El Financial Times no estaba sobre la mesa de desayuno. Estaba abierto en la gran pantalla de la sala de reuniones de Monteverde Capital, proyectado en letras de molde tan grandes que parecían gritos. David Monteverde no bebía su café; lo miraba, frío y sin tocar, como si el propio líquido fuese la tinta de los titulares que acababan de destrozar su vida.
—Señor Monteverde, el titular principal de The Wall Street Journal es idéntico —informó su jefe de comunicaciones, Patricio, con el rostro pá