Sebastián, al escucharlo, también percibió que Andrea estaba particularmente extraña ese día. Su hermana casi nunca le marcaba a esas horas, y mucho menos para preguntar específicamente por Gabriel. Sacudió la ceniza del cigarrillo y le dedicó una mirada socarrona al aludido; sus labios esbozaron una sonrisa llena de sorna.
—Parece que tu tiempo de juego con nosotros se está acabando.
Luego, se dirigió a Andrés.
—Llámale a tu hermano para que se una.
...
Para sorpresa de todos, Andrea llegó sola