Era noche de reunión. Varios muchachos de buena familia se habían congregado para jugar cartas y beber.Maximiliano vio las pésimas cartas que le tocaron e hizo una mueca de disgusto. Alargó la mano hacia la cajetilla que tenía al lado y encendió un cigarro.
Héctor Vargas le echó una mirada.
—¿No que ibas a dejar de fumar, Max? —comentó divertido—. ¿Ya recaíste?
Maximiliano no había dicho nada aún, cuando otro lo picó:
—¿Sí, Maximiliano? ¿No que ya no fumabas? Si llegas apestando a cigarro a la c