Gabriel le apartó con delicadeza un mechón de cabello que le caía sobre la cara, colocándoselo detrás de la oreja. Luego le acarició la mejilla. Al verla con una actitud de enfado y las mejillas infladas, no pudo resistirse y se inclinó para besarla.
Regina giró la cara para evitarlo.
—¡No me toques con tu boca sucia!
—¿Boca sucia?
Gabriel levantó la mirada, procesando esas palabras. Algo pareció encajar y arqueó una ceja.
—¿O sea que también te das asco a ti misma?
—No te hagas el inocente. A M