Verónica sacó un espejo de bolsillo para revisarse el cuello. Al ver las evidentes marcas rojizas que lo salpicaban, su mente voló a las descripciones que había leído en tantas novelas románticas y recordó el pánico que había sentido esa misma mañana. Incómoda, se sonrojó hasta las orejas.
Regina carraspeó, adoptando una actitud seria.
—A ver, tienes que contarme todo.
Cuando Verónica iba a hablar, se escuchó el saludo de bienvenida de la tienda. Ambas guardaron silencio y levantaron la mirada h