Al día siguiente, Regina escuchó la puerta abrirse y cerrarse. Se quedó un momento en la cama antes de levantarse y caminar, adolorida, hacia el baño. Abrió la regadera y el agua tibia comenzó a caer sobre ella.
Se miró al espejo y recordó la noche anterior, la forma en que se había mostrado indefensa y desinhibida bajo él... Cerró los ojos, asqueada.
Terminó de ducharse rápidamente, se puso la bata y salió al cuarto. Abrió las cortinas y la ventana para que se ventilara la habitación y el olor