—¿Cuántas veces ha pasado algo así?
—Unas dos veces. La señorita Morales ya se mudó, así que no sé si siga pasando.
—¿Y a dónde se fue?
—Eso sí no sé...
Sebastián se dio la vuelta y empezó a caminar.
—¡Oiga, espere!
Sebastián se detuvo. El guardia se le acercó, sacando una libreta y una pluma del bolsillo.
—Me encantan sus canciones, ¿cree que podría darme su autógrafo?
Tomó la libreta, firmó y se la devolvió.
—Muchas gracias.
El guardia se quedó pasmado al escucharlo. No fue sino hasta que Seba