Su visita de hoy tenía un solo propósito: ponerlo a prueba. Si Sebastián hubiera mostrado la más mínima señal de tener malas intenciones o falta de convicción, se habría opuesto rotundamente a que su hija se casara con él. Estaba dispuesta a todo para separarlos.
Pero él ni siquiera le había echado un vistazo al cheque. Tampoco leyó el acuerdo que lo dejaría en la ruina; lo firmó sin dudar. Aquello la desarmó.
Una vez en el auto, la señora Carmen preguntó:
—Señora, ¿entonces sí está de acuerdo con que sigan juntos?
Mientras el chofer se ponía en marcha, Alicia lo vio por el retrovisor. El muchacho seguía ahí, de pie. En las dos ocasiones que lo había visto, le había quedado claro que sus intenciones con Regi eran sinceras. A diferencia de Gabriel, alguien como Sebastián sí parecía ser el indicado para ella.
Apartó la mirada del espejo y dijo con calma:
—Al final, la que se va a casar es Regi. Si mi hija se vuelve a equivocar, no pasa nada, puede empezar de nuevo. Mientras ella sea feli