Al ver a la madre adoptiva de Regina buscándolo, Sebastián ya se imaginaba para qué venía. Pero al escuchar sus palabras, no pudo evitar que se le tensaran las manos.
—Regi ya aceptó casarse conmigo.
—Lo sé.
Alicia sonrió imperceptiblemente.
—Mi hija me lo contó. Pero su padre y yo nos oponemos. ¿No te lo dijo?
Sebastián se mordió el labio.
—Lo que pasó entre tú y Beatriz es un secreto a voces en la alta sociedad. Si Regina se casa contigo, vivirá bajo esa sombra. Espero que entiendas mi preocupación como madre.
Sebastián clavó los dedos en sus rodillas y la miró con seriedad.
—Señora, lo siento, pero no voy a dejar a Regi. La única que puede pedirme que me vaya es ella.
Alicia sonrió.
—Sabía que dirías eso. Tienes que entender que para una familia como la nuestra, la reputación lo es todo. Si insiste en estar contigo, tendré que romper lazos con ella.
La mandíbula de Sebastián se tensó. Alicia tomó un sorbo de agua.
—Si se casa contigo, no recibirá un solo centavo de mi parte. No obte