A Regina no le sorprendió recibir la llamada de Mónica.
Sonrió de forma casi imperceptible.
—¿Por qué no iba a regresar?
Al otro lado de la línea, la respiración de Mónica se agitó y su voz sonó fuerte y chirriante.
—¡Gabriel ya se divorció de ti! ¡Ahora es mi hombre!
—¿Tu hombre?
Se rio. Vio un asiento libre a su lado y se acomodó, cruzando las piernas con elegancia. Su sonrisa era tan seductora como indiferente.
—Qué curioso, porque él me dijo que está soltero. Según él, ni siquiera eres su no