Al terminar de comer, los dos caminaron y pasaron junto a una tienda de regalos. Regina se fijó en un peluche que había en el escaparate y se detuvo.
—Vamos a ver qué hay adentro.
Sebastián asintió en silencio y la siguió.
Ambos tenían una apariencia que atraía todas las miradas. La cara preciosa de ella, en particular, hacía que muchos en la tienda se giraran a verla. Él, por su parte, llevaba una gorra y un cubrebocas que ocultaban sus facciones, pero su figura alta y esbelta, junto a su aire