Regina no tuvo más remedio que seguir ocultándolo.
Pero guardar ese secreto era una carga que no la dejaba en paz.
Después de bañarse y terminar su rutina de cuidado de la piel, antes de meterse a la cama, tomó el celular y, por costumbre, revisó el celular, donde vio que Sebastián Rivas le había mandado una infinidad de mensajes.
Los abrió y vio que él le había contado sobre su día y lo que había cenado. También le mandó fotos de sus amigos Leo, Ernesto y Adrián haciendo estupideces. Al recordar la cena de esa noche, no pudo evitar sonreír.
[Se ve que se llevan súper bien].
Apenas lo envió, vio que él empezó a escribir al instante.
Al ver el indicador de que estaba escribiendo, una idea cruzó su mente. «¿Ha estado con el celular en la mano, esperando a que le contestara?»
[¿Ya llegaste a tu casa?]
[Sí].
[¿Cómo te fue con la clienta?]
A pesar de ser un pedido importante, Regina no se sentía del todo contenta. La señorita Salinas no había dejado de mencionar a Gabriel, y ahora entendía