—Entonces, muchas gracias, doctor Solís.
Elena tomó con naturalidad el café de las manos de Gabriel, y bebió un sorbo con evidente desagrado.
—Demasiado dulce. Esto no es nada sano, deberías tomar menos estas cosas.
Dejó el vaso a un lado y se puso a conversar con Gabriel. Hablaban de temas médicos especializados, y Regina no tenía cómo intervenir; solo podía observar la cercanía entre ellos.
Mateo intentó incluirla en la conversación.
—Regi, ¿ya encontraste dónde vivir?
Ella respondió:
—Sí, ya