—¡Mamá, no me mates!
Regina se despertó de golpe, empapada en sudor. Se quedó mirando al vacío por un momento antes de sentarse en la cama y encender a tientas la lámpara del buró. La luz iluminó la habitación y reconoció el lugar.
Estaba en un hotel.
Otra pesadilla.
Se tocó el cuello, sentía un dolor punzante, y la garganta le ardía.
Se levantó y buscó una botella de agua mineral. Desenroscó la tapa y bebió a grandes tragos, intentando calmar la angustia que le oprimía el pecho.
Estaba sola en