La expresión de Gabriel se volvió seria.
—Entre ella y yo no hay nada.
Insistió una vez más.
—No te he fallado.
—¿Que no me has fallado?
Regina repitió sus palabras, con una risa de ironía y malestar.
—Tú sabes que no la soporto. Sabes cómo murió mi mamá. Ella es la hija de Mariana, la mujer que la mató. Y tú, una y otra vez, la defiendes. ¿Y todavía te atreves a decir que no me has fallado?
Gabriel guardó silencio por un momento.
—Sabes que Mariana es su tía, no su mamá. Mónica no te ha hecho n