En el trayecto a casa, ambos permanecieron en silencio.
Regina bajó la ventanilla. El aire fresco de la mañana entró al carro, levantándole un poco el ánimo casi sin que se diera cuenta.
Gabriel detuvo el carro en un semáforo en rojo. Al ver la sutil curva que se dibujaba en los labios de ella, los suyos también se arquearon en una leve sonrisa.
Fue él quien rompió el silencio.
—El atole estaba muy rico.
Ella notó su intento de contentarla.
Se agachó para buscar en su bolso y sacó una pequeña bo