Silvia les recordó:
—Estas gorditas las hice yo, que conste.
—¿Y cómo no voy a saber que las hiciste tú? Llevamos décadas de casados.
—¿Cómo que décadas? El viejo eres tú, yo todavía estoy muy joven. Si salgo con Regi de compras, ¡la gente cree que somos hermanas!
Ricardo le pinchó el globo.
—¿Por qué no te ves en un espejo antes de decir eso?
Molesta, tomó una gordita y se la metió en la boca a su esposo.
—¡Ya cállate, viejo!
Ricardo se comió la gordita con una sonrisa.
Tras su pequeño pleito,