Pero Regina tenía planes para la noche, así que le dijo que se las arreglara solo para la cena.
Gabriel no necesitaba ser adivino para saber que iba a ver a su ídolo.
Aunque solo fuera para hablar de trabajo, la idea le causaba una gran incomodidad.
Peor aún, era claro que ese tipo tenía intenciones ocultas con Regina.
Al pensar en ello, se tensó todavía más, y un ambiente pesado se instaló a su alrededor. Andrés y Sebastián Sáenz se miraron, sin saber qué decir.
—¿Otra vez están de pleito tú y