Regina también se apresuró a saludarlo.
—Suegro.
Ricardo Solís asintió y miró a su hijo.
—Ya se hizo tarde, vamos a cenar.
En cuanto tomaron asiento, una empleada llenó la mesa de comida con rapidez.
Regina vio que había costillitas en adobo, pollo en salsa de ciruela y tinga de res... Puros platillos caseros, y todos eran de sus favoritos. También había camarones al mojo de ajo.
Ese era un platillo que solo pedía en restaurantes, pues en casa nunca lograba responder ese sabor tan característico