Al salir del trabajo, Regina recibió una llamada de su suegra, pidiéndole que fuera a cenar esa noche con Gabriel.
Regina supo que lo que había pasado la noche anterior con Gabriel ya había llegado a oídos de sus padres, así que, para no preocuparlos, no le quedó más remedio que aceptar.
Poco después, Gabriel le marcó para avisarle que pasaría por ella en media hora.
Pensó que, si de todos modos iba a tener que verlo más tarde, daba lo mismo si se adelantaba un poco yendo a la casa de los Solís.