Los murmullos y las miradas curiosas no se hicieron esperar.
Mónica tenía los ojos acuosos, estaba a nada de llorar. Le dolía ver al hombre que, sin apartarse del lado de Regina, la trataba con indiferencia.
—Uno no elige de dónde viene. Mónica no ha hecho nada malo. Ustedes no tienen ni idea de lo mucho que quiere a Gabriel. ¡No ha salido con nadie en todos estos años…!
—¡Ya basta!
Mónica la interrumpió con la voz entrecortada.
—No sigas, por favor. Todo eso ya pasó. Y ya te había dicho que Reg