Regina volvió a mencionar la palabra "divorcio".
El gesto de Gabriel se volvió serio. Clavó la mirada en ella, oscura e indescifrable.
Ella le sostuvo la mirada, esperando su respuesta.
Pasaron cinco, quizás diez segundos, antes de que él respondiera con un seco:
—Está bien.
Regina sonrió.
—¿Entonces sí aceptas el divorcio?
Gabriel se mordió la lengua, su disgusto era obvio.
—Voy a poner un límite. De ahora en adelante.
Ella asintió.
—Más te vale no estarme mintiendo, porque si lo haces, te juro