Se metió de prisa al baño para arreglarse, y se dio otra ducha.
Cuando terminó y abrió la puerta, vio a Gabriel sentado en el sofá, esperándola como siempre.
—Vamos a desayunar.
—Sí.
Ninguno de los dos volvió a mencionar lo de ayer. Igual que siempre, después de desayunar, la llevó al trabajo.
En el carro, pensaba en la cena que tenía esa noche y estaba a punto de decírselo, cuando él se le adelantó:
—Hoy no te preocupes por mi cena, voy a llegar tarde.
Se quedó petrificada.
Detuvo el carro en u