Hizo un gesto de desacuerdo, sonriendo.
—Para nada, ¿cómo me voy a cansar arreglando mi propia casa?
Con orgullo, añadió:
—Instalé un lavavajillas para no tener que lavar platos, compré un horno para poder hacer pasteles y galletitas, un esterilizador, una cafetera, una amasadora… Son cosas esenciales que le dan un toque especial a la vida.
Mientras hablaba, le pasó un plato a Gabriel para que lo llevara a la mesa. Ella fue a servir la cena.
Mientras él comía, Regina llevó su maleta a la habitac