Él permaneció indiferente.
Regina, en cambio, sintió que la cara le ardía bajo las miradas de los que estaban en la fila.
De regreso en el carro, su corazón latía desbocado y las mejillas le quemaban. Al estar con él en ese espacio tan reducido, no podía evitar que cierta imagen se formara en su mente una y otra vez.
Tensión, timidez y una extraña expectativa que no lograba definir.
En cuanto Gabriel estacionó el carro, ella se bajó apresurada. Sin preocuparse por las botanas que habían comprado