Mientras cenaban fuera, Regina no dejaba de observar de reojo la expresión de Gabriel. Estaba igual que siempre, indiferente, pero tampoco parecía estar de mal humor.
Ella comió poco, algo que su esposo notó.
—Cuando termines, vamos a la clínica a que te revisen.
—A esta hora ya no hay doctores.
—Hay en urgencias.
No era para tanto como para ir a urgencias; bien podría esperar hasta mañana para volver a la clínica. Pero Gabriel le explicó que él tenía guardia esa noche, así que podía llevarla si