Sus lágrimas volvieron a brotar. Justo en ese momento, su celular sonó de nuevo dentro de su bolso.
Sentía piquetes en el corazón. Vio el celular de prisa y, al ver que era Gabriel, colgó la llamada. Se secó los ojos, respiró hondo y sacó las llaves para abrir la puerta.
Él, con expresión molesta, miraba el celular que tenía en la mano. Al escuchar el ruido, levantó la vista.
Regina entró desde el recibidor a la sala y sus miradas se encontraron. Su mente se quedó en blanco. Abrió la boca, pero