El silencio de la cueva ya no era un enemigo, a pesar de estar en las peores condiciones, no se sentía amargada o triste o rencorosa
Por primera vez desde hace meses, Lyra dormía sin pesadillas. El frío ya no la perturbaba, el sonido del agua goteando en las paredes de tierra y piedra se había convertido en una melodía constante que la arrullaba cada noche. Sentía la paz extraña de quien ha soltado el rencor, como si algo dentro de ella hubiera decidido dejar de luchar contra un enemigo invisib