El eco de los pasos resonaba en el salón principal de la manada, firme y constante, como si cada golpe sobre la piedra marcara la urgencia que pesaba sobre Ragnar. La noticia del mensajero golpeado se había esparcido entre los guerreros y miembros de la manada, a voces silenciosas todos sabían que uno de los suyos había sido atacado, desde entonces Ragnar había redoblado la vigilancia. Nadie entraba ni salía sin su permiso, y los límites de la manada parecían ahora una muralla invisible sosten