En la manada Norte por la mañana, Lyra se encontraba descansando aún cuando la puerta se abrió y Alona apareció con una bandeja en las manos, vestida con una blusa blanca ajustada y una falda de lino claro y su bata encima cubriendo parte de su atuendo, le daba un aire de serenidad profesional.
—Buenos días, dormilona —saludó con una sonrisa—. ¿Cómo te sientes?
—Bien… increíblemente bien —expresó Lyra al levantarse enseguida—. No siento dolor en el abdomen, ni en ninguna parte del cuerpo.
Alona